Nora Aslan | Ese Punto
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Ese Punto


 

Ese punto

Museo Emilio Caraffa

Junio-Septiembre 2019

Curadura: María Alejandra Gatti

 

“Atraían mi atención los objetos más insoportables a la delicadeza de los sentimientos humanos.”

Mary Shelley, Frankenstein.

 

Las costillas de un animal muerto, estancado a un palo, cociéndose en el fuego a punto de ser asado. En la vereda de enfrente una vidriera que refleja la imagen y agrega un cantero de flores. Este encuentro es fotografiado y el resultado parece una pintura de Chaim Soutine chorreada de flores de colores.

Nora Aslan se posa en estos encuentros. Otorga valor a lo extraño, a todo aquello que es difícil de digerir. Se para en lo roto y juega con las partes que cortan, que pueden seguir rompiéndose y busca el modo de hacer algo nuevo. No hay intento de arreglo, no busca la norma o la vuelta a un orden como si existirá una dirección correcta. Siempre subvierte.

Sería ingenuo en este contexto no preguntarnos por valor que tiene la mirada de una artista mujer hacia los espacios de lo periférico, hacia esas formas que oscilan entre lo monstruoso y lo kitsch, que asustan y a veces repelen, pero que a la vez pueden ser sumamente atractivas. Una mirada que a lo largo del tiempo señala esos márgenes, los toma y los trae de frente en una sintaxis que muestra los dientes. 

Ese borde entre los seductor y lo marginal, ese mirar siempre hacia otros lados y la dificultad en el  intento de categorizar e ubicar su producción según disciplina, corriente o tradición, es una marca en la obra de Nora Aslan. Una marca que señala otras vías, otros modos posibles,  que enarbola la diferencia, ese espacio “entre” (esa característica que hace que una persona o una cosa sea distinta de otra), como espacio a ser explorado, como forma de estar en relación al mundo.

 

Delfines 

El gel de sílice es una forma granular y porosa que por sus cualidades químicas es absorbente de agua, por este motivo se lo utiliza para reducir la humedad en espacios cerrados. Cuando se ha saturado de agua el gel se puede regenerar. De acuerdo con la cantidad de humedad absorbida,  el gel se decolora variablemente del azul al rosa, indicando así la variación de humedad en el medio. De este material se recubren los recuerdos o souvenirs que cambian de color según el clima y que siguen siendo comunes en Mar del Plata y otras playas de la costa: lobos de mar, lechuzas, vírgenes, barcos, caballitos de mar, peces o delfines.

Resultado del encuentro de un conjunto de condiciones, estos objetos mutan de color. No es lo mismo poner al delfín en la biblioteca de una casa en Buenos Aires o al borde de una ventana frente al mar.  Hay un punto preciso en el que estas condiciones permiten que el objeto brinde una determinada información, en este caso una predicción climática a partir de un objeto kitsch.

En 1945 Merleau Ponty escribe Fenomenología de la percepción, teoría que  se centra en que la experiencia perceptiva es siempre experiencia de estructuras entendida como conjunto interactivo de partes y relaciones. Para el autor las cosas se captan en relación con el esquema corporal, es decir que los sentidos se construyen a partir de las relaciones que establecemos con el cuerpo.

Este complejo sistema de interrelaciones que desde su perspectiva, es el que da esencia a las cosas, los cuerpos,  los sentidos, permite establecer un modo de lectura al trabajo de Nora Aslan a la vez que pensar en encuentros que hacen ancla en un determinado momento. 

Ese punto en este caso es tramposo, la idea de uno que solo es uno en su relación con otros. No hay jerarquía. Cada punto es ese, único y repetido, como esos suvenires expuestos, que juntos y seriados, pese a su supuesta paridad, reflejan cualidades propias de su estado, hacen de termómetro y mutan según mínimas variables.

Esta exposición reúne un cuerpo de obras de Nora Aslan, que lejos de aspirar a una totalidad que mira hacia atrás, trae al espacio un sistema que en su propia lógica establece un modo de expansión. Un germen que se multiplica pero mantiene siempre una constante que no se adapta a una única forma o moda.

En dirección opuesta a un planteo lineal y cronológico planteamos un espacio sin fronteras, la idea de un sistema orgánico que en diferentes dimensiones propone un juego en la dirección de las miradas. 

 

La multiplicación como gesto:

La extrañeza y lo siniestro en un acopio obsesivo de imágenes. Primero eran recortes, imágenes de noticias y medios de comunicación. La obra como objeto en el mundo es en relación a la información que contiene. Son testigos de época. Tienen historia en la piel. Nora redobla el gesto, y se mueve a su propia lente. De los medios a sus propias fotografías. Ese pasaje revela otra lógica, la multiplicación es infinita y al repetirse genera otro estado. La obra es ese encuentro, que era collage, en el sentido más tradicional de la técnica, el recorte, la superposición y la reformulación en el acto de reunir las piezas, y ahora se expande e invade el espacio físico. Tal vez replicando algo del sentido voraz en el uso y circulación de las imágenes en las redes sociales.

De ahí al infinito: manos, pies, cabezas, animales, ciudades, museos, el agua, los vidrios, las casas, las plantas y el punto capitoné. Ese punto desde donde todo irradia y se organiza. Punto de convergencia. A modo de sintaxis, estos puntos determinan cadencia, ritmo como versos en un poema. También encierran la historia de cuerpos, espacios, y hacen presión en un  foco, como queriendo dejar huella. Nora los fotografía en las antípodas de su esplendor. Juega con la idea de marca, piensa en el paso del tiempo y en las alteraciones. 

 

El foco en la fractura:

Una jofaina rota da el comienzo. La idea de quiebre como inicio en una obra que al día de hoy está siendo producida. La falla en los sistemas como puerta de acceso y el ojo atento. Testigo que sigue mirando.

La distorsión como gesto, piezas que invitan por su trama y de cerca contienen imágenes que expulsan, violentas y perversas. Fragmentos que oscilan entre el placer y el horror: las cintas de un moño, los bordes de un labio, la mancha de un melanoma o las piernas de plástico de una muñeca.

La muerte como parte. En un cuaderno lleno de citas Nora escribe: El cadáver no es la totalidad de un animal, ¿será el collage una forma de muerte?  El corte, la incisión, la exclusión, una taxidermia de imágenes. La piel de un animal muerto se abraza a un carro vacio. Se trepa o cuelga según queramos pensarlo. El miedo y la tregua. 

 

Ese cuerpo:

Definido por su relación con el hacer construye una mirada que señala lo incomodo, aquello que nadie quiere mirar: lo feo, lo monstruoso, lo que no encaja y disloca. Su cuerpo en el espacio determina coordenadas que establecen un punto. Pequeños señalamientos que organizan lecturas. Focos de sentido. Pausas.

Disectratus, una mesa de acero  aséptica y fría contiene todas las medidas de Nora, objeto domestico, tatuado de referencias orgánicas, es el centro de un conjunto mayor, esa mesa, esa obra, ese cuerpo, ese punto es el que hace de eje y se mide con su tiempo. Ella como centro articula un sistema mayor que hace sentido en lo particular del mismo modo que en el conjunto. 

Así se establece un sistema en torno a la dirección de las miradas. La suya como punto de partida, recorta, fotografía y acopia. La de sus testigos, centenares de ojos que se repiten, reproducen y miran. Miran su trabajo, la miran a ella, nos miran nosotrxs mientras el tiempo despliega sentidos. 

El prefijo trans alude a la idea de un movimiento que va de un lado a otro o se ubica al lado o tras algo. Lo que está entre, lo que atraviesa a todas o lo que está más allá. Una espacialidad y el modo en el que nos percibimos en esa relación. Llevado a lo disciplinar, refiere a categorías que no se organizan jerárquicamente: conviven y hacen sentido en relación al objeto que abordan.  La transdiciplina, es hija de las imperfecciones crecientes en los modos dominantes de construir el conocimiento. La obra de Nora Aslan se tensa en este prefijo y se ubica en los bordes de muchas disciplinas sin pertenecer del todo a ninguna. La riqueza está ahí, en su modo de puntuar la infinita multiplicación, en su modo de estar en relación a otrxs y sobre todo en la capacidad de construir siempre coordenadas nuevas. Ella es como el delfín de Mar del Plata, ahora en Córdoba, esperamos ver si azul, violeta o rosa.

María Alejandra Gatti


 

Nora Aslan · «Ese punto»

por Florencia Ferreyra

Área de Investigación del Museo E. Caraffa

 

«Ese punto», es un título que nos obliga a ajustar la mirada para tratar de develar un interés profundo que atraviese toda la obra de esta prolífica artista. La diversidad de materialidades que utiliza resalta su enorme habilidad para tensar, en objetos de gran opulencia decorativa, aspectos horrorosos , espectáculos banales e incertidumbres, no sólo actuales sino atemporales y acaso universales. Su obra, de gran potencia conceptual , pareciera funcionar como amalgama de orfebre o tejido artesanal que, producido con un material heterodoxo previamente hilado, reúne y oculta de manera barroca, imágenes tan tenebrosas como bellas.

Sus «Testigos», bien pueden ser pensados como sufrientes seres que han presenciado el dolor ; cómplices del crimen , o incluso, sujetos que no logran inmutarse ante ese punto, algo que los punza y los pone en el incómodo sitio del haber visto lo que no debían. ¿Qué han visto y qué testifican?

Las torsiones de los cuerpos -de una belleza propia de la tradición representativa occidental, construida sobre la base de una injusta cosificación- que se amalgaman en sus collages digitales, como también la superposición de texturas diversas -de refinados y grotescos brillos-, y de objetos o imágenes «cultas» con otras que provienen de lo más burdo y reproducido, consiguen deslumbrar al espectador quien, seguramente, se verá primero seducido por la forma y espantado luego por lo doloroso de lo representado. Lo artificial aplasta la vida que intenta existir, ¿o será acaso, que Aslan señala ese punto que nos define como humanos, sitio de fragilidad intrínseco , cuya potencia puede hacerlo disparar descontrolado hacia la belleza grandilocuente o la miseria? Mientras tanto, hay testigos en el suelo que pisamos.

«Mantel para la mesa de los grandes acuerdos», realizado con una mixtura de técnicas y materiales de gran efecto ornamental, de nuevo nos interpela: es el sitio doméstico donde realmente se cocinan los asuntos que más nos definen, positiva y negativamente ¿Qué historias podrían contar aquellos objetos de uso práctico cotidiano, o de mero decoro como la jofaina, los manteles y las alfombras? Aslan reitera esta inquietud, esta sordidez , esta afición por lo ominoso en toda su producción.

Con curaduría de María Alejandra Gatti, la muestra propone una experiencia donde el goce estético combine la angustia y el asombro ante el alarde decorativo instando, asimismo, a la reflexión ética de un mundo imposible de conciliar. En ocasiones, el arte funciona como poderosa alquimia para encausar (y soportar) la entropía, la deriva de todo lo existente.

Date

septiembre 01, 2019